Ni progresista ni reaccionario, a José Antonio Marina lo define más bien el uso del menos común de todos los sentidos: el sentido común. Ese al que aspiran casi todos los padres. Por eso ha creado, aprovechando internet, el proyecto www.universidadepadres.es, que acaba de abrir su matrícula anual para todos, junto a www.bibliotecaup.es. Ahora, Marina ha publicado, tras el éxito de La educación del talento, este nuevo libro: El cerebro infantil: la gran oportunidad, cuyas versiones impresas han corrido a cargo de la editorial Ariel. Filósofo, pedagogo, catedrático, ensayista y animador cultural en diarios, televisiones y revistas, José Antonio Marina no deja indiferente a nadie. Tiene en su haber los premios Anagrama de Ensayo, Juan de Borbón, Elle, Giner de los Ríos de Innovación Educativa y el Nacional de Ensayo. Para él, la gran responsabilidad está en la tribu, que la tribu sea buena. Y la tribu somos todos.
-¿Una buena tribu?
-Todos, porque vivimos en común, nos estamos influyendo unos a otros y por ello, tenemos una responsabilidad, cada cual la suya. Los niños están recibiendo continuamente mensajes de la sociedad en la que viven. Esos mensajes modulan sus creencias, sus afectos, sus valoraciones de la vida. Para educar a un niño hace falta una buena tribu, que no sólo la componen sus padres y familiares… Si ellos ven que los de(sin)formamos porque reciben mensajes muy contradictorios, se desorientan. Y la tribu somos todos.
-Este libro resume los avances en neurología y pone al alcance de padres y educadores muchas claves, pero, entre todas ellas, destaca la plasticidad, que es una “visión poética” de la inteligencia pues esta produce cambios y novedades sin parar, esa capacidad de invención a la que los griegos llamaban poiésis.
-Cuando el niño nace tiene una inteligencia biológica que sólo a través de la educación se hace talento, pues en nada va asimilando lo que los humanos hemos tardado doscientos mil años en aprender. Y sigue. Esa capacidad de re-aprender es lo que nos diferencia de otras especies. Todas aprenden pero nosotros, además, decidimos qué es lo que queremos aprender. Esa es una de las mejores habilidades de la gigantesca plasticidad del cerebro humano. Como decía Ramón y Cajal, nuestro cerebro se hace a sí mismo y se inventa a diario: todos nosotros somos su arquitecto.
-El niño aprende con premios y castigos, como cualquier cachorro, pero hablar de ello parece políticamente incorrecto. Es el fantasma del palo y la zanahoria de otros tiempos… El varazo y la medalla, las orejas de burro o el chocolate del loro… ¿Premios y castigos?
-Los utilizamos mal. Todos los niños nacen con una insaciable pasión por aprender. Pensamos que el mejor premio es sacar una buena nota, pero eso no refuerza el aprender, sino el deseo de sacarla… Y al niño lo que le gusta de verdad es aprender. Por eso digo que utilizamos mal el premio. El uso de los castigos resulta muy limitado, porque no estimula el aprender, sino que los usamos para que el niño no haga algo. Inhiben la respuesta. Tampoco creo que hagamos un buen uso de los castigos. Premios y castigos quizá tengan que estar en la verdadera órbita de los niños, cuya pasión es… aprender las cosas de la vida. Y no sólo las del estudio.
-Saber qué lugar se ocupa entre los iguales puede estimular a unos niños a superarse… ¿Por qué no volver a dar con las notas el puesto en la clase?
-Eso se ha apartado de la enseñanza porque traía muchos problemas. Hay muchas maneras de competir, pero toda competencia arroja ganadores y perdedores. Hay quien gana solo para sí mismo y hay quien dice: “He ganado y lo comparto con los demás”. Los educadores tenemos que ingeniárnoslas para que cuando el niño tenga esa experiencia -la de saber el lugar que ocupa entre sus iguales, y que puede ser maravillosa-, le estimule a ser generoso y a aprender aún más. Aquel sistema servía para los buenos estudiantes pero descolgaba a los malos que terminaban por decir: “estudiar no va conmigo”.
-Hoy tampoco es políticamente correcto hablar de ejemplos. Sin embargo, la imitación de ejemplos ha sido una constante pedagógica desde la Antigüedad hasta los años sesenta…
-Es uno de los grandes recursos educativos. Aunque el sentido común nos los dicte, en realidad los profesores no saben que ejemplos van a tener éxito. Los niños malos se guían por malos ejemplos. ¡Hay ejemplos de todas las clases! ¿Por qué los niños no van a imitar los ejemplos que publicita la televisión, aunque no siempre sean los más atractivos? Si apareamos la noción de éxito con salir en la televisión, los niños pensarán que a Belén Esteban -por citar un ejemplo entre otros muchos- hay que seguirla y parecerse. Y eso a sabiendas de que su éxito sea la vulgaridad. La tribu debe decidir cuál es el ejemplo. Ahí reside el problema.
-¿Qué le pasa a la tribu?
-La tribu maneja miles de excusas porque es lo más cómodo para todos y la educación no interesa si es un problema. Si no negociamos la educación, nuestros hijos fracasarán en un mundo muy competitivo. Hay que ayudarles a bregar con él y a ser generosos. La clave está en su plasticidad.
-Mirando hacia atrás sin ira, ¿no se formaba antes mejor a los estudiantes, cuando prevalecía la autoridad de padres y profesores?
-Mire, “cualquier tiempo pasado fue mejor” es un tópico. Antes, el mundo de la educación estaba muy devaluado: el profesor y el maestro no tenían prestigio. Hoy tenemos la mejor escuela que hayamos tenido nunca. Y aún no es lo suficientemente buena con relación a la de otros países. El hecho de que se haya garantizado hasta los dieciséis años la educación obligatoria no significa que ya esté todo hecho. Creo que hay una visión impotente y escéptica no sólo de los agentes sociales, sino también de los padres. Tenemos siete millones de alumnos lo que significa que hay otros treinta millones de personas relacionados con ellos… De los cuales, no menos de seis son sus padres o tutores. Yo fundé esta Universidad de Padres on-line cuyo éxito me demuestra que si los padres sienten que pueden educar a sus hijos, claro que se comprometen. Pierden esa impotencia y ese escepticismo. Pero si reciben continuamente mensajes contradictorios o confusos, si no negativos, se retiran de un asunto hoy tan complicado.
-Hoy queremos pensar que los niños aprenden mejor jugando que memorizando la lista de los reyes godos o la tabla de elementos periódicos… ¿No es la memoria otro valor políticamente incorrecto?
-La memoria es el fundamento de la inteligencia. No hay nada más injusto y peregrino que decir: La memoria es la inteligencia de los tontos. Ese desdén es una de las causas del fracaso de la educación contemporánea. Quizá hemos sustituido el esfuerzo de retener lo que leemos y vivimos por la cultura del cortar y pegar. Internet nos permite una conectividad inimaginable, es cierto, y quizá sea una revolución como la que trajo la imprenta, pero en el aprendizaje tiene que haber una mayor implicación del sujeto. Algo semejante ocurre con los medios audiovisuales. No basta con ver un maravilloso documental del National Geographic, espléndido por todos los conceptos, para recordar con detalle algún importante misterio de la naturaleza unos días después. Hace falta el esfuerzo. A todo el mundo le gusta el baloncesto o el tenis, por no decir el fútbol, pero hay que entrenar. Adquirir la memoria muscular de Rafa Nadal es aburrido… ¿Cuántas veces habrá repetido la maniobra del saque para mejorarlo? ¿Cuántas horas de peloteo inteligente para responder a todo desde el fondo de la pista? ¿Cuántas para subir a la red? Esa memoria tan ejercitada le permite ganar. La memoria es un músculo que hay que entrenar.
-Tampoco la creación de hábitos goza de buena prensa… Para Tomás de Aquino eran fundamentales.
-Tomás de Aquino era un genio salvo cuando hablaba de las mujeres. Pero quien acuñó el concepto de hábito en realidad fue Aristóteles, de quien lo tomó. Así que viene de lejos. El profesor Marino Pérez Álvarez pide en libros como El mito del cerebro creador (Alianza) menos neurociencia y más Aristóteles. La noción de hábito resulta esencial para la educación. Decía Tomás de Aquino que es “una cualidad del alma estable y difícil de remover, que tiene como fin ayudar a la operación de una facultad y facilitar tal operación”. Mucho después, David Hume sostenía que “las inferencias que hacemos no son fruto del razonamiento, sino del hábito”… La comparación con los hábitos (y la memoria) musculares es ilustradora. Hacen falta hábitos muy firmes. Y volvemos a Nadal, quien ha tenido que repetir decenas de miles de veces una maniobra para reinventarla casi sin pensar. Así son las cosas.
-Inteligencia biológica, inteligencia emocional… ¿Cuántas inteligencias hay?
-Al hablar de inteligencia conviene explicar algunas cosas. La primera es que su objeto es dirigir bien el comportamiento, lo cual también implica dirigir las emociones si se pretende tomar buenas decisiones. La inteligencia que no atiende al mundo emocional no dirige bien el comportamiento. La inteligencia dirige mediante un proyecto, que es la gran palabra. Lo que el proyecto hace es seducirme desde lejos hacia un modo posible de vivir y actuar. Los animales están dirigidos por el pasado y nosotros por el futuro. Es decir, el proyecto nos permite inventar una irrealidad a la que nos podamos adaptar. A los humanos nos distingue de otros animales que podemos elaborar ese proyecto… Tener presente el futuro haciendo memoria. Buena parte de los proyectos empuja a los hombres a enfrentarse con la realidad. Si creo que el mundo es impenetrable, entonces… ¡sálvese quien pueda!
-Usted destaca muy especialmente el “cerebro ejecutivo”…
-Es el que elabora y da el visto bueno a los proyectos. Es el gran director, el más evolucionado y moderno. Cuando se produce una lesión en el lóbulo frontal, las personas ya no son capaces de elaborar proyectos ni dirigir su emocionalidad.
-Las creencias, las religiones, ¿no son fundamentales a la hora de hacer proyectos?
-La religión suele aportar un proyecto prêt -à- porter. Hay muchas personas que no sienten ansiedad por tener que elegir un proyecto… y optan por sustitutos administrativos del mismo.
-Marina ha escrito un libro titulado, quizá parafraseando en positivo a Bertrand Russell, Por qué soy cristiano…
-El cristianismo empezó siendo muy sencillo pero, al tropezar con la cultura griega, se convirtió en una teología. Ahí radica, a mi juicio, la confusión del cristianismo. Para los primeros cristianos era fiarse y seguir un ejemplo, la imitación de Jesús. A partir del siglo V, ser cristiano se trastocó en aceptar unos dogmas. Y eso fue trágico. Aquel primer impulso trató de recuperarlo la Teología de la Liberación nacida tras el Concilio Vaticano II. Quiso volverse a la imitación de Jesús, pero otras contaminaciones nos devolvieron a la teología. La gran virtud del cristianismo es que supo penetrar la cultura mediterránea hasta convertirse en la religión del imperio. Ha sido, en cualquier caso, una de las mayores revoluciones culturales de la Historia, pero su maridaje con la política, antes y después, siempre ha sido decepcionante.
-Podríamos hablar horas y horas del Jesús histórico, pero eso nos aparta de otras influencias más recientes. Freud ha marcado nuestra visión contemporánea de la infancia tiñéndola, por ejemplo, de sexualidad…
-Freud era un escritor genial y muy inquieto que no sometía sus hipótesis a prueba con la realidad. Descubrió cosas muy importantes pero quizá las interpretó mal. Hablo de cosas como su topología: el yo, el ello, el superyó… Con respecto al inconsciente, la neurología moderna hoy acepta que buena parte de las decisiones no las tomamos de forma racional y que del mundo emocional proviene buena parte de nuestra energía. Pero Freud lo sexualizó (aunque quizá sea mejor decir que lo genitalizó…) Y además se sacó un “instinto de muerte” (Thánatos) que nunca explicó muy bien de dónde provenía. En cuanto a las terapias psicoanalíticas son muy discutibles, sobre todo cuando se ven las investigaciones. José Luis Pinillos ya reseñaba en sus Principios de psicología (Alianza, 1975) un trabajo realizado por Hans Eyssenk –un estudio formulado con todas las garantías metodológicas- que el porcentaje de curación “espontánea” de las neurosis, a partir de los treinta años, era mucho mayor que en el diván. Y es más barato. En España, afortunadamente, el psicoanálisis no ha prosperado. Pero en Francia ha sido demoledor en el mundo educativo.
-¿En quién está pensando?
-Pienso en la nefasta influencia de Françoise Dolto quien sostenía, eso sí, con mucho talento literario, que todos los padres son castradores y que a los niños hay que sustraerlos de su influencia y permitirles que hagan lo que quieran o casi, sin imponerles nada.
-En cinco postulados… ¿Qué hay que hacer con la escuela?
1º: Restablecer la relación entre los padres y la escuela.
2º: Convencer a los educadores de que se ha acabado el tiempo del profesor aislado.
3º: Hay que encontrar el punto exacto de autonomía de los niños. Ni autoritarismo ni permisividad absoluta. La autoridad es necesaria.
4º: Mayor flexibilidad en la programación de la escuela.
5º: Darnos cuenta de que lo excepcional no es el fracaso escolar, que es el estado de las cosas, sino que hay alumnos que son excepcionales y hay que aprender de cómo aprenden ellos…
Y un 6º: Hay que aumentar la formación y el prestigio del profesorado, lo cual no exige un aumento del presupuesto.