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El historiador británico Paul Kennedy, quien ocupa la cátedra Dilworth de Historia y es director de Estudios sobre Seguridad Internacional de la Universidad de Yale, publica en El País el interesantísimo artículo ¿Hemos entrado en una nueva era? donde describe el actual momento histórico como un parteaguas entre dos épocas. “Un parteaguas es –afirma Kennedy- un límite entre dos zonas en las que las aguas caen en direcciones opuestas. La palabra puede emplearse también para describir un fenómeno histórico y político: un hito, un momento trascendental, el instante en el que las actividades y circunstancias humanas atraviesan la línea divisoria que separa una época de la siguiente. Mientras ocurre, son muy pocos los contemporáneos que se dan cuenta de que han entrado en una nueva era, a no ser, claro está, que el mundo esté saliendo de una guerra cataclísmica, como las de Napoleón o la II Guerra Mundial”.

Aunque no se centra en esas transformaciones violentas, recuerda que “nadie que viviera en 1480 podía reconocer el mundo de 1530, 50 años después; un mundo de naciones-estado, la ruptura de la cristiandad, la expansión europea hacia Asia y las Américas, la revolución de Gutenberg en las comunicaciones”. O bien, apunta que “cualquiera que viviera en Inglaterra en 1750, antes de que se generalizase el uso de la máquina de vapor, se habría quedado estupefacto al ver sus usos 50 años después: ¡había llegado la Revolución Industrial! En ocasiones, las transformaciones entre una era y otra son incluso más rápidas, como ocurrió con el épico periodo entre 1919 y 1939”.

¿Y qué ocurre hoy cuando estamos viviendo una revolución tecnológica semejante a la de la invención de la imprenta? Kennedy pasa revista  a los indicadores de cambio que señalan que estamos acercándonos a ciertas líneas divisorias históricas en la economía y la política.

El primer indicador es la erosión constante del dólar como divisa única o dominante de reserva en el mundo… Pese a los problemas económicos de Europa e incluso China, ya no resulta fantasioso imaginar un mundo en el que haya tres grandes divisas de reserva -el dólar, el euro y el yuan-, con algunas alternativas menores como la libra esterlina, el franco suizo y el yen japonés”.

La segunda transformación “es la erosión y la parálisis del proyecto europeo… Las instituciones encargadas de hacer realidad ese sueño ya existen, pero la voluntad política de darles auténtica vida se ha desvanecido, tristemente debilitada por el mero hecho de que unas políticas fiscales nacionales muy diferentes son incompatibles con la divisa europea común… En otras palabras, los europeos no tienen ni el tiempo, ni la energía, ni los recursos para dedicarse a nada que no sean sus propios problemas”.

La tercera gran transformación de nuestros días” es “la enorme carrera de armamentos que está desarrollándose en la mayor parte del este y el sur de Asia… Los escasos debates que hay se centran en el refuerzo militar de China, pero mucho menos en el hecho de que Japón, Corea del Sur, Indonesia, India e incluso Australia están imitando su ejemplo. Si la desaceleración del crecimiento económico, los daños al medio ambiente y el desgaste del tejido social en China empujan a sus futuros dirigentes a hacer demostraciones de fuerza en el extranjero, sus vecinos están preparándose para responder con firmeza.

Por último, Kennedy señala el cuarto cambio: “la lenta, firme y creciente decrepitud de Naciones Unidas, en especial de su órgano más importante, el Consejo de Seguridad”.

Y, al sopesar estos cuatro indicadores, se pregunta si “¿acaso no indican todas estas cosas que estamos entrando en terreno desconocido, en un mundo agitado, y que, en comparación con él, la visible alegría de los clientes que salen de una tienda Apple con un dispositivo nuevo resulta, no sé, tonta y sin importancia? Es como si estuviéramos de nuevo en 1500, saliendo de la Edad Media hacia el mundo moderno, cuando las multitudes se maravillaban ante cualquier arco nuevo, más grande y más poderoso. ¿No deberíamos tomarnos nuestro mundo un poco más en serio?

 

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  1. Toño

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