escrito por Tulio H. Demicheli | en , , , , , | No hay comentarios

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El próximo martes 22 de noviembre, el historiador norteamericano Jonathan Brown –máxima autoridad mundial en Velázquez y en la pintura española del Siglo de Oro–  recibirá en Madrid el premio Bernardo de Gálvez que concede el Consejo España – Estados Unidos para honrar y dar a conocer la labor de aquellas personas e instituciones norteamericanas que, con su trabajo, ejemplo o dedicación, han impulsado la cooperación entre España y Estados Unidos, y han mejorado el conocimiento mutuo entre ambas sociedades. En las dos ediciones anteriores lo han obtenido Bill Richardson (2009), quien fuera gobernador del estado de Nuevo México; y la Hispanic Society de Nueva York (2010). En esta conversación con la Fundación International Studies, el profesor Brown recuerda sus primeros tiempos en España y su amistad con el historiador británico Sir John Elliott; atestigua los grandes cambios experimentados por nuestra sociedad desde entonces y señala las virtudes y los defectos de la relación entre nuestros países y sus universidades.

–¿Cómo fue su aterrizaje en aquella España hoy tan lejana?

–La primera vez que vine a Madrid fue durante el año académico 1958-59. En España aún se dejaba sentir el impacto de la Guerra Civil y Madrid era, probablemente, la ciudad más triste de Europa occidental. Como España era un estado policiaco, había guardias por todas partes. Sin embargo, aquí permanecían las obras de arte creadas a lo largo de los siglos, aunque por entonces necesitaran ser restauradas con urgencia.

–Años después entablaría amistad con el historiador británico John H. Elliott, una amistad que no sólo ha sido personal, sino que también ha dado importantes frutos académicos y profesionales.

–Mi colaboración con John H. Elliott comenzó cuando le nombraron profesor en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton en 1973. Mi casa se encuentra a cinco minutos andando del Instituto. Muy pronto los dos descubrimos nuestro común interés en el Siglo de Oro y decidimos intentar escribir juntos un ensayo corto sobre La rendición de Breda. Enseguida se hizo obvio que teníamos que “restaurar” ese cuadro a su contexto original: el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro (situado donde hoy se encuentra el parque del mismo nombre). Esa colaboración fue un éxito porque ambos hemos dedicado nuestra vida profesional al estudio de la España del siglo XVII y por nuestra compatibilidad personal. Además, nuestro estilo de escritura es muy parecido. Incluso cuando Elliott regresó a su natal Inglaterra en 1990, nuestra colaboración y amistad han continuado hasta el día de hoy.

–Velázquez ha sido uno de los centros, desde luego el más importante, de su labor como historiador del Arte. Gracias a usted podemos “verle” en la Corte de Felipe IV…

–En la monografía que publiqué en 1986, intenté focalizar la atención en su labor como pintor cortesano y en la importancia de verle en su lugar dentro la Corte de Felipe IV. Ahora, veinte años después, parece que ese libro sigue siendo útil. En contraste con mi aproximación empírica al artista estaba el desafiante ensayo que escribió Michel Foucalt en 1966, que adoptaba un punto de vista post estructucturalista. Foucalt ciertamente animó los estudios sobre Velázquez, aunque yo pienso que ese ensayo tiene mucho más valor como una ventana a la visión que Foucalt tenía sobre la historia que sobre la carrera de Velázquez como pintor.

–Durante los últimos años se han descubierto varios cuadros desconocidos del genial pintor sevillano… ¿Han cambiado la visión que tenía usted del artista?

–Las atribuciones de cuadros a Velázquez siempre han estado y siempre estarán sujetas a visiones individuales de la técnica del artista y su manera de pintar. Más allá de eso, ninguno de estos descubrimientos ha ampliado nuestro conocimiento sobre él.

–Uno de los proyectos aledaños a la renovación del Museo del Prado fue la reconstrucción del Salón de Reinos… ¿Se llevará a cabo algún día?

–John Elliott y yo siempre hemos abogado por la recreación del Salón de Reinos desde que publicamos nuestro libro en 1980. Jamás hemos cesado nuestra campaña. Pero, para serle franco, no creo que esa reconstrucción vaya a llevarse a cabo en un futuro próximo, si es que alguna vez se realiza. Esa recreación sería un acontecimiento histórico artístico de magnitud universal.

–Su relación con España se prolonga ya medio siglo. ¿Cómo nos ven desde Estados Unidos?

–La opinión norteamericana sobre España ha cambiado drásticamente desde que vine aquí por primera vez. Después de la muerte de Franco y de la exitosa Transición a la democracia, la vitalidad y la creatividad de los españoles volvieron a desatarse. Esos acontecimientos y otros muchos de mayor y menor calado sirvieron para suscitar una opinión muy favorable en Estados Unidos sobre España como país con una gran historia y un presente muy vibrante.

–A pesar de que España colaboró muy activamente en la Revolución de Independencia de Estados Unidos (que trajo la primera democracia moderna y en la que Bernardo de Gálvez, que da nombre a este premio, fue determinante), bien parece que los españoles hoy albergamos sentimientos antiamericanos… ¿A qué se deben?

-Creo que cierta actitud antiamericana siempre está presente en España aunque no sea visible. En parte se debe a una expresión normal de hostilidad frente a las naciones dominantes. Para tener un ejemplo de este fenómeno, que no es nuevo ni exclusivamente español, uno sólo tiene que recordar la Leyenda Negra creada por los enemigos de Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI.

-¿Qué opinión tiene hoy de la Universidad española? ¿Qué la diferencia de la norteamericana? ¿Cuáles son sus virtudes y defectos?

-Creo que el mayor problema al que se enfrenta la Universidad española, o la parte que yo conozco, es el desinterés por el pensamiento y el análisis crítico. A lo largo de los años muchos jóvenes historiadores del arte españoles han venido a nuestro Instituto y se han dado cuenta, unánimemente, de lo escépticos que somos nosotros ante las opiniones recibidas, mientras que los estudiantes españoles tienden a aceptarlas sin cuestionarlas. Sin embargo, hay que señalar que la actual crisis económica también está minando lentamente la fuerza tradicional de la Universidad norteamericana.

 

Jonathan Brown

Jonathan Brown (Springfield, Massachusetts, 1939) estudió Historia del Arte en la Universidad de Princeton. Es catedrático de Bellas Artes en el Institute of Fine Arts de la Universidad de Nueva York y del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, y miembro de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando y de San Carlos. Entre sus obras hay que señalar Imágenes e ideas en la pintura española del si­glo XVII (1981), Velázquez, pintor y cortesano (1986), Un palacio para el rey: el Buen Retiro y la corte de Felipe IV (1981, con John Elliott). La edad de oro de la pintura en España (1990), El triunfo de la pintura. Sobre el coleccionismo cortesano en el siglo XVII (1995) y Escritos completos sobre Velázquez (2008, recopilación de 32 textos publicados entre 1964 y 2006).

 

 

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