La Fundación International Studies y la universidad The College for International Studies han suscrito un convenio de colaboración con el Instituto de Relaçoes Internacionais (ISRI) de Mozambique, institución pública universitaria con sede en Maputo, para ofrecer y mantener programas de alta calidad en enseñanza, investigación y servicios. Firmaron el acta María Díaz de la Cebosa, presidenta de las dos entidades españolas; y Patricio José, rector del ISRI, decididos a compartir y combinar creativamente su experiencia en áreas tan dinámicas y esenciales como son la gestión, la economía, el medio ambiente, el trabajo social, la educación y la capacitación. Gracias al acuerdo, crearán y ofrecerán programas educativos, de investigación y de servicios de alta calidad. Para ello intercambiarán profesores e información académica; elaborarán publicaciones y generarán proyectos de investigación conjuntos, entre otros objetivos fundamentales.
No es la primera vez que el rector del ISRI, Patricio José, visita España. “Vine por primera vez en 2008 cuando se celebró la Exposición Internacional de Zaragoza que se dedicó al importantísimo tema del agua. También vine el año pasado. Y ahora, por tercera vez, para firmar este convenio”.
-¿Cuáles son las preocupaciones que motivan al Instituto de Relaçoes Internacionais, a la Fundación International Studies y a CIS en este proyecto de colaboración?
-Todos estamos muy preocupados con la globalización. Creemos que es necesario un entendimiento entre las naciones ricas del Norte y las pobres del Sur. Hoy nos enfrentamos a problemas globales que sólo tendrán soluciones globales. No me parece sostenible que unos países estén empeñados en resolver los problemas y otros en agravarlos. Nosotros apostamos por un desarrollo sostenible para una paz sostenible. El problema del hambre en África sólo tiene una solución global. Hay que buscar una fórmula que tenga en cuenta la dignidad humana, pues las soluciones que se encuentren han de ser justas. El objetivo es garantizar, por lo menos, un mínimo nivel de desarrollo.
-¿Será posible globalizar la riqueza?
-Primero hay que globalizar la justicia respetando las particularidades y la cultura de los pueblos. Esa globalización no tiene por qué ser violenta. Hoy el mundo vive la pesadilla de la especulación financiera que concentra la riqueza en algunas pocas personas y beneficia poco a los pueblos y a los estados. Creo que tenemos que garantizar una nueva ética en la cooperación, los negocios, la política… Una nueva plataforma de derechos humanos. Algunos países tienen tecnología, otros recursos: todos tenemos algo. Hay que diseñar mecanismos de cooperación, desarrollo económico, social y político sostenibles. No puede haber un desarrollo económico sostenible cuando los países no pueden decidir. La democracia no es solo convocar elecciones para cambiar a los partidos que gobiernan. Hay que procurar un desarrollo económico que estabilice políticamente a los países para que puedan resolver todos sus problemas. No hay que globalizar la frustración. Hay que globalizar las soluciones garantizando a las personas una vida digna. Las conquistas de la humanidad no tienen sentido cuando la gente no tiene qué comer. Los modelos de cooperación y de producción demuestran que no somos justos con los hombres. No puede ser que hoy haya personas que se mueran de hambre o de enfermedades que tienen cura. No puede ser que el analfabetismo siga siendo un problema…
-Para ello, también habrá que globalizar el conocimiento, de forma que éste no sea un capital privado de las naciones ricas…
-Claro. Tenemos que compartir el conocimiento y reunir ideas que sean constructivas. Y hacer la política de otro modo: ver la humanidad como un todo. No importa que los empresarios inviertan aquí y allá con afán de lucro, pues la búsqueda de beneficios es legítima; pero deben procurar que los trabajadores tengan una vida digna. Los estados, por su parte, tienen que habilitar recursos de política fiscal de forma que los más débiles tengan un mínimo de dignidad como personas humanas. El motor del desarrollo es la competencia, por supuesto, pero hay que regularlo para que se respeten el medio ambiente y la dignidad humana si queremos construir un mundo sostenible para todos. Tenemos que dialogar más y ser más tolerantes con los otros y con nosotros mismos.
-¿Cómo lograrlo?
-Para nosotros, los programas de formación de estudiantes son fundamentales. Por eso este convenio. Se trata de reunir diferentes visiones del mundo para llegar a un entendimiento. Hoy vivimos un momento de cambio de mentalidad que afecta a los negocios, a la manera de vivir, al consumo. Todo va a depender del conocimiento que traiga esta confrontación de ideas. Espero que este momento que vivimos haga posible que la humanidad comparta sus conquistas. Occidente ha hecho una gran contribución, pero no puede ser que África siga estando como hoy está. Hay que descubrir fórmulas de gobierno y desarrollo que lleven a las nuevas generaciones a un nuevo modelo de convivencia.
-¿Cómo querría usted que fuera ese modelo de convivencia entre el Norte y el Sur?
-Tenemos que alcanzar una perspectiva del mundo más integrada. Muchos políticos africanos siguen las políticas del Banco Mundial que han fracasado, aunque en ese fracaso también tienen culpa los gobiernos locales que han perdido legitimidad y no enfrentan los problemas conjuntamente. En algunos países, por ejemplo, las privatizaciones fueron un desastre. Tenemos que encontrar el camino del cambio para encontrar un modelo nuevo que resuelva el problema de la pobreza. Un modelo que asuma que todos somos parte del problema, no solo los africanos. La Universidad tiene que preparar a las nuevas generaciones de gestores públicos y privados. Una nueva generación de ciudadanos más tolerantes, más demócratas, más solidarios.