El teniente coronel Enrique Biosca Ponce y Benito Díaz de la Cebosa inaguraron el pasado martes el ciclo Re-encuentros con la Historia que se desarrollará, hasta el mes de junio, en el salón de actos de la Fundación Areces, patrocinado por esa institución y por la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), con la colaboración de la Fundación International Studies y el Centro Superior de la Defensa Nacional (Ceseden). Raimundo Pérez-Hernández y Torra, director de la Fundación Areces, destacó entre sus objetivos “fomentar la cultura científica, el capital humano en las ciencias puras, así como el fomento de las ciencias sociales y económicas. La ciencia económica tiene mucho que aprender de la ciencia militar”, aseguró al concluir su presenteción.
Acto seguido, intervino Enrique Sánchez de León, director general de APD, quien mostró su “asombro porque hoy está jugando el Real Madrid y aquí se han reunido más de doscientas cincuenta personas, -se superaron los 300 asistentes-, lo que demuestra que no todo está perdido en la sociedad española”. Señaló que este ciclo “no nace por casualidad, sino como una vía de reflexión para responder al desencanto de las Ciencias de la Economía por no haber sabido predecir la crisis. Dicen los antropólogos -añadió- que el hombre se resiste al cambio, busca certezas, quiere predecir el futuro para asegurar el presente. Por ello, sale a buscar esas certezas en otros saberes, como la Historia”. Por último, identificó como “uno de los grandes temas de hoy el desasosiego por la falta de liderazgos claros. Pero, ¿cómo se genera ese liderazgo? Hoy comenzamos este ciclo con Napoleón y con una batalla que marcó el desarrollo del siglo XIX: Waterloo. Los conferenciantes nos demostrarán que de nada sirve tener a un genio a la cabeza si no se rodea de los líderes adecuados”.
Por último, intervino Ignacio Pausa, director de Formación de APD, quien hizo una breve presentación biográfica de los dos protagonistas de esta primera jornada, que se centró en “Las consecuencias de la elección de líderes inadecuados”, y cuyas conferencias resumimos a continuación, seguidas del vídeo de una entrevista con los ponentes publicado en Youtube.
Napoleón Bonaparte:
Liderazgo estratégico en un mundo cambiante
Comenzó su conferencia el teniente coronel Enrique Biosca Ponce vinculando la Revolución Francesa a la Guerra de Independencia americana, en la que participaron algunos notables militares galos, como el marqués de Lafayette, quienes trajeron al Viejo Continente algunos de sus ideales: Allí, el pueblo llano comenzó a poseer la tierra y a entrar en el ejército, algo impensable en Europa. En Francia se vivía un gran momento que auguraba cambios, pues una nueva clase emergía con fuerza: la burguesía. También se vivía un gran auge demográfico debido a los avances de la medicina y a la agricultura, de modo que su población doblaba a las de sus rivales. En 1789 triunfa la Revolución y la burguesía entra a formar parte del gobierno, algo indeseable para el resto de las monarquías europeas.
Una nueva manera de hacer la guerra
La Revolución y el progreso científico generan muchos cambios, entre ellos, una nueva manera de hacer la guerra: aparecen los ejércitos masivos de leva, con peor instrucción militar pero entusiastas de su quehacer en Europa. Su forma de combatir es muy agresiva y extremadamente violenta. Por entonces las monarquías practicaban un arte de la guerra incluso caballerosa: hubo batallas que se ganaron sin disparar un tiro sólo porque un ejército aceptaba la superioridad numérica del otro, si era apabullante; o porque había perdido la retaguardia. Esto es algo que la Revolución invierte. Además, como es el pueblo y no el Rey el que hace la guerra, todas las energías de la Nación se invierten en la guerra total, ya sea en el frente o en la retaguardia, fabricando armas o combatiendo con ellas. Por último, el ejército francés introduce el principio divisionario.
Napoleón es un gran conocedor del arte de la guerra y ante los suyos aparece, además, como el salvador de la Revolución después de los excesos del Directorio. Sin embargo, procedía de Córcega y hablaba un francés a veces ininteligible por su fuerte acento corso. Era impensable que llegara donde llegó. Como militar, se le considera el “conductor de operaciones” más brillante y fue mucho mejor estratega que táctico.
Rasgos de carácter
Entre sus rasgos de carácter destacan el carisma, la voluntad y la inteligencia. Era un hombre muy culto y lector ávido. Inquieto y visionario, de gran ambición, aunque excesivamente acaparador e individualista. Tiene una autoconfianza extrema, es prolífico y polifacético, un hiperactivo capaz de trabajar dieciocho horas diarias, pero también muy rencoroso, rebelde, salvaje y no tiene escrúpulos a la hora de sacrificar vidas humanas. Desdeñaba la opinión de los demás pero era genial. Aún así, se hacía querer por sus tropas y oficiales hasta el fanatismo.
Análisis de competencias
-Personas
Napoleón fue un gran comunicador y un gran motivador. Sus arengas eran tremendamente eficaces y además predicaba con el ejemplo compartiendo penalidades. Cuando atravesaba la sierra de Guadarrama en medio de una ventisca, cuentan que exclamó: “¡Ay, qué profesión esta!”. En cuanto al carisma, tenía un magnetismo irresistible. Si entendemos la empatía como la capacidad de ponerse en el lugar del otro, en ella su competencia era baja, pues no sólo era un hombre muy neurótico sino que, buen conocedor de la mente humana, siempre utilizaba a los demás en beneficio propio. Y es vengativo y rencoroso con los suyos y con los prisioneros. Por último, en cuanto a la inteligencia emocional, aunque pasa muchas horas compartiendo la hoguera con sus tropas, algo por lo que le adoran, sin embargo es solitario, taciturno y déspota: siempre intimidaba a sus subordinados.
-Tareas
Tenía un gran pensamiento analítico. Era un planificador meticuloso y sus análisis de la situación resultaban muy complejos. En cuanto al pensamiento conceptual, Napoleón se muestra como un hombre intuitivo, ingenioso y simplificador de problemas que aporta visión a sus planteamientos, pues los pone en relación con el paneuropeísmo y la extensión de las leyes napoleónicas. Tiene gran iniciativa y va siempre por delante de sus adversarios. Él se encarga, además, de la absoluta gestión de recursos, y lo organiza todo, pero siempre da muestras de una gran flexibilidad, pues aunque planea las operaciones con sumo detalle, es capaz de adaptarse de inmediato a las nuevas circunstancias, porque tiene previsto todo lo que puede pasar.
-Organización
Su nivel de compromiso puede ser considerado como bajo, pues sentía como corso un gran rencor por los franceses y para él, el ejército era una herramienta al servicio de sus fines personales. Su competencia era de nivel medio en cuanto a la comprensión, pues no era consciente, entre otras cosas, de los complós que se fraguaban a su alrededor. En cambio, su capacidad de trabajo en equipo era cero, nula, porque era un individualista extremo. En cuanto a su propia persona, ahí encontramos algunos de sus grandes puntos fuertes: enorme autoconfianza, muy alta capacidad de decisión, gran generador de expectativas, una ingente capacidad de trabajo, pero también un pésimo estilo de vida: duerme poco, se alimenta mal, descuida su salud y nunca desconecta del trabajo. No es ejemplo a seguir.
Niveles de conducción
Generalmente, los niveles de conducción son independientes y tan solo se solapan un poco unos con otros. El primero de ellos es el político: su competencia es declarar las guerras y gestar alianzas. El segundo es el estratégico, que convierte los objetivos políticos en militares, y en él se decide el orden de las campañas. El tercero es el operacional: se inicia la campaña, se mueve y se disponen los medios y efectivos para la batalla. Y el cuarto es el nivel táctico que, usando un símil futbolístico, se corresponde con poner a los jugadores en el terreno de juego. Napoelón es el único capaz de ser competente en los cuatro niveles y además tener éxito, cuando sabemos que las interferencias entre unos y otros generalmente conducen al fracaso. Esa versatilidad nos da idea de la capacidad de un hombre realmente extraordinario.
Napoleón busca siempre el grueso del contrario para librar una batalla decisiva. Esta estrategia se basa en que las unidades del ejército marchan por unidades separadas en busca del enemigo; cuando una lo encuentra, avisa al staff para que todas se concentren. Siempre se vive la guerra en el terreno, lo que facilita la elección del lugar y el momento más oportunos para presentar batalla.
Modelos de operaciones
Cuando Napoleón advierte que su ejército es menor en número, recurre a las líneas exteriores, es decir: rodea al grueso del enemigo y trata de tomar la retaguardia; si lo consigue, gana, a veces, sin disparar un tiro. Si advierte que es superior al oponente, ataca la posición central; hecho esto, primero copa y reduce uno de los flancos, mientras fija el otro para acabar con él más tarde.
Táctica
Napoelón se inclina por el choque frontal que siempre causa un enorme número de bajas. Esto ocasiona un terrible desgaste en su ejército y un efecto muy negativo, pues se pierden muchos soldados experimentados que continuamente hay que sustituir por otros cada vez más inexpertos. Da una gran importancia a la columna. Primero suaviza con la artillería el punto más débil del enemigo. Luego ataca, abre brecha allí y después lanza la caballería sobre los flancos. Además, Bonaparte prefiere el combate a bayoneta calada, cuerpo a cuerpo, antes que el uso del mosquete, que obliga a tirar pausadamente, pues hay que cebar y municionar el arma cada vez que se dispara. Este modo de combate es terriblemente agresivo.
Principios napoleónicos aplicados
Exactitud en todo. Planificación meticulosa. Flexibilidad con equipos de medio y bajo nivel. Moral: alto grado de motivación, no se actúa a ciegas. Reconocimiento del esfuerzo dando valor al trabajo. Velocidad no sólo al mover sus tropas sino al tomar las decisiones. Simplicidad: elección de objetivos simples, como cuando dirige todos los cuerpos de su ejército a Jena. Carácter: Integridad, autoconfianza y aplomo.
Debilidades de Napoleón
Exceso de poder, impaciencia y soberbia. Escasez de líderes. Exceso de celo, ideas grandiosas, obsesiones, impulsividad. Estilo de vida desequilibrado. Su obsesión por el trabajo puede conducir a otros al “síndrome del quemado o de Burnout”. Problemas de salud a veces insuperables.
Conclusiones
Napoleón tenía muchas cualidades de liderazgo pero también carencias importantes. Anulaba a los demás, imponía su voluntad de forma despótica, sentía poco aprecio por la vida de sus soldados. Era un hombre de principios que no tenía valores: artero, ruin, adulador y manipulador. Por último, no concibe un Estado Mayor operativo sino administrativo. En fin, Bonaparte no puede ser considerado como un líder completo. Hoy debemos tener a la Historia como fuente de inspiración pero hay que saber estar a la altura de los tiempos, y la velocidad de las comunicaciones y la globalización excluyen a este tipo de líder carismático que ya no es un modelo realista a seguir.
Enrique Biosca concluyó su conferencia apostando por un nuevo concepto, el de “equipazgo”, frente al clásico “liderazgo”, pues hoy la clave está en una gestión más cooperativa y cercana basada en la correcta elección y formación de equipos directivos.
Waterloo: La batalla final
El genio estratégico contra una sólida alianza
Benito Díaz de la Cebosa hizo una breve introducción histórica a la Batalla de Waterloo. El 1 de marzo de 1815 Napoleón escapa de la isla de Elba, donde había sido desterrado, y desembarca en el golfo Juan, entre Antibes y Cannes, con apenas mil hombres de su guardia personal No sólo padecía una terrible situación, pues le habían prohibido ver a su hijo y Luis XVIII, que despilfarraba el tesoro nacional, le había retirado la pensión vitalicia; sino que, además, sabía que los aliados estaban preparando su traslado a una solitaria y lejana isla en el Atlántico. Ahora, a su paso, veía cómo los campesinos, descontentos, volvían a lucir la roseta violeta, todos le vitoreaban y los alcaldes le agasajaban. Avanzaba hacia París en medio de un irreal baño de masas y las tropas que enviaban de la capital para detenerle se sumaban a su ejército. Entre ellos, el general Ney, “el más valiente entre los valientes”, que fue enviado a detenerlo, pero finalmente se unió a él porque “¿acaso se puede parar el agua del mar con las manos?”.
Cuando llega a París, la situación también era muy difícil. Por una parte, los bonapartistas están enfrentados; por la otra, la clase media y los diputados desconfían de él. Tampoco la situación externa resultaba favorable. Napoleón intenta pactar con los aliados y estos le responden con la Séptima Coalición: Gran Bretaña, Prusia, Austria y Rusia se alían con el propósito de derrotarle para siempre, cueste lo que cueste.
A todo esto, el mariscal Berthier, “mi mejor jefe de Estado Mayor aunque sea incapaz de mandar un batallón de 500 hombres”, había sido asesinado. Era el único capaz de traducir y transmitir adecuadamente sus órdenes al resto de los generales al mando.
Estrategia inicial
El genio de Napoleón advierte que tiene una oportunidad. De los cuatro grandes ejércitos a los que deberá enfrentarse, sólo dos: el anglo-aliado y el prusiano se encuentran en el suelo de Bélgica, pues el austriaco y el ruso están en camino y tardarán en llegar. Ambos están diseminados y tienen dos líneas de aprovisionamiento en una V abierta: un brazo, el de Wellington, de Quattre-Brass a Bruselas; el de Blücher, de Ligny a Lieja.
¿Cuáles son sus factores críticos de éxito? La dispersión enemiga actúa en su favor, obtendrá la obtendrá la superioridad táctica separando ambos ejércitos, sorprendiéndoles cuanto antes, para batirlos por separado. Así pues,, deberá aprovechar factor tiempo y la buena preparación de las tropas francesas, muy veteranas y entusiastas. Su ejército era el mejor aunque su ambiente estuviera enrarecido.
Elección de sus generales
Napoleón tenía un gran problema: su egocentrismo. Quiere la gloria solo para él y no elige a los generales más adecuados. A Davout, su mejor mariscal, y que había combatido victoriosamente en numerosas ocasiones contra los prusianos, lo dejó en París como ministro de la Guerra. Escoge a Grouchy para el ala derecha, que es un excelente director de área pero no un buen director general. Es un hombre muy prudente. Algo parecido le ocurre con Ney, un general muy carismático con comportamientos irracionales, al que Napoleón utiliza como arma propagandística contra los monárquicos, y a quien adjudica el ala izquierda. A Suchet le envió a luchar contra los austriacos, cuando hubiera sido la mejor elección como Jefe de Estado Mayor, mientras que ni siquiera contempló a Massena (considerado en sus memorias como el mejor general) por considerarle un corrupto. En cuanto a Soult, al que destaca como jefe de su Estado Mayor, no tiene ninguna experiencia en esas lides, ocasionando continuos retrasos en las operaciones y además se equivoca al transmitir las órdenes de Napoleón a los generales, pues lo hace de manera ambigua e imprecisa, al contrario que hubiera hecho Berthier, que era muy claro y terminante.
Los mandos del ejército anglo-aliado
Al frente de este ejército que contaba con un “equipo” heterogéneo, como una “multinacional”, estaba Wellington, que era un excelente táctico. Sin embargo, se trata de un militar nada carismático, prejuicioso y alejado de sus tropas: piensa que sus hombres son la escoria del mundo. Cuando le piden una arenga, redacta un par de líneas: “Soldados. Estáis bien mantenidos. Así, que el que falte a su deber será fusilado. Vuestro general, Wellesley”. (No hay constancia de que sus oficiales se lo volvieran a pedir). El príncipe de Orange era un joven de 22 años sin experiencia, mientras que “Papá” Hill o el conde de Uxbridge eran muy buenos generales. Sin embargo,Wellington mantenía un contencioso con Uxbridge, quien se había fugado con su cuñada, por lo que no se hablaban; tanto era así, que cuando este le preguntó por sus planes, Wellington le contesta lacónicamente: “El plan es, señor mío, derrotar a los franceses”.
Los mandos del ejército prusiano
El ejército prusiano, que era de baja calidad y que presentaba un alto índice de deserciones, estaba mandado por Blücher, llamado “el general adelante”, hombre de 72 años, carismático en grado extremo, lo que en ciertos momentos le hacía ponerse al frente de sus tropas incluso durante alguna carga de caballería. Tuvo la inmensa suerte de tener un jefe de Estado Mayor, Gneisenau, muy bien preparado y que contrarrestaba su agresividad. Sentía un profundo y personal odio por Napoleón, ya que había sido maltratado en cautiverio por los franceses, algo de lo que juró vengarse.
Primera fase de la batalla
La campaña comenzó mal para el francés. El primer ataque estaba previsto a las diez de la mañana. La orden salió tarde, como en toda la campaña. Más tarde hubo un general, Perponcher, que cuando recibió la orden de abandonar Quatre-Brass, decidió desobedecerla, ya que tenía la información de que el grueso del francés podía estar delante de él. Esta desobediencia salvó la jornada.
Ney recibió la confirmación de sus órdenes verbales unas horas tarde, sobre las 11 de la mañana. Pero algo más sucedió, a las 12 horas Napoleón decidió que el ataque principal, bajo el mando de Grouchy, sería contra el ejército prusiano, con la colaboración de toda la reserva. ¡Nadie se acordó de advertir a Ney! Ney pensaba que contaba con d’Erlon, que pertenecía a la reserva, por lo que le ordenó colaborar con él. En el trayecto d’Erlon recibe un mensaje de Napoleón con la orden de dirigirse hacia Ligny y atacar el flanco prusiano, pero nadie informa a Ney. Cuando Ney se entera, estalla en un ataque de ira y, sin medir las consecuencias, le ordena a d’Erlon regresar. Esa decisión dominada por la ira, debida a la incompetencia del staff al no comunicárselo, hizo que las tropas de d’Erlon no actuaran en ningún frente. Para completar la incompetencia se le ordenó a d’Erlon dirigirse a Wagneé (se pronuncia Vañé) en lugar de Wagnelée (Vañelé), por lo que llegó por una ruta incorrecta. Allí donde hubiera actuado d’Erlon, se habría conseguido la victoria definitiva. Aunque algo tarde se percató de su error y se dirigió hacia Quatre-Brass con sus tropas cerrando el paso del francés hacia Bruselas.
Hubo un hecho crucial la noche antes de los combates. Wellington se había acercado hasta Quatre-Brass y, al ver el frente tranquilo, decidió dirigirse hacia Ligny para reunirse con Blücher. De dicha entrevista salió la firme promesa de que ambos se obligaban a ayudarse cualquiera que fuera el resultado. Esta alianza resultó decisiva.
El prusiano resultó derrotado en Ligny, mientras que Wellington consiguió aguantar en Quatre-Brass, aunque la prudencia aconsejaba retirarse debido a la derrota de Blücher.
La retirada prusiana hacia Wavre fue seleccionada por el Estado Mayor de Blücher, ya que este se encontraba desaparecido desde la batalla. ¿Dónde se encontraba? Aprisionado bajo su caballo después de haber realizado una carga al frente de los húsares prusianos contra la guardia francesa. A sus 72 años aún le seguían dominando su carisma y temperamento. Cuando llegó con sus tropas observó con agrado que Gneisenau había tomado las decisiones correctas. A partir de ese momento la orden era ir a reunirse con Wellington. La decisión había sido tomada en parte por puro azar y en parte por escoger una ruta donde pudieran reunirse con Wellington. Con el tiempo resultaría definitiva para alcanzar la victoria.
En cambio Napoleón, que se encontraba enfermo, no se lanzó inmediatamente a perseguir al prusiano pese a los ruegos del propio Grouchy. Cuando reaccionó ya era demasiado tarde y el prusiano había escapado. Encomendó su persecución a Grouchy con unas órdenes muy ambiguas.
Segunda fase de la batalla
Después de la derrota del prusiano en Ligny, la situación de Wellington se tornaba peligrosa, ya que el flanco que le cubrían estos se encontraba libre. Napoleón debería haber ordenado una rápida persecución del ejército prusiano y haberse lanzado contra Wellington, que se encontraba en Quatre-Brass. Pero Napoleón estaba enfermo y demoró todas sus decisiones, por lo que el prusiano se le escapó; y Wellington pudo retirarse en buen orden a una posición defensiva seleccionada previamente por él. Allí se desarrollaría la famosa batalla de Waterloo.
Para desgracia de Napoleón, la batalla comenzó con cuatro horas de retraso debido a que decidió esperar a que se secara el terreno. El plan de Napoleón consistía en un ataque frontal.
Pero no estaba en su mejor momento, probablemente por su enfermedad: aparte del tiempo perdido, delegó el mando en Ney, un general demasiado impetuoso como demostraría en la batalla; subestimó la capacidad del ejército enemigo y nunca tuvo en cuenta que los prusianos pudieran llegar en ayuda de Wellington.
La persecución de Grouchy se realizó con demasiada lentitud. De repente, durante el trayecto se oyeron los primeros cañonazos de la batalla de Waterloo que se encontraba en sus comienzos. Sus oficiales le conminaron a dirigirse a toda velocidad al sonido de los cañones. Pero esto significaba desobedecer las órdenes recibidas. En un momento de acaloramiento en plena discusión, su subalterno de más alta graduación, Gerard, le llegó casi a insultar. A partir de ese momento, la posibilidad de que Grouchy cambiara de opinión se esfumó por completo: el tema se había convertido en una ofensa personal.
La cuestión es ¿a un directivo se le paga para que obedezca o para que tome decisiones acertadas?
¿Era todavía posible la victoria?
Después de la derrota, Napoleón se dirigió rápidamente a París. Ahora la política había pasado a ser el tema más importante: tenía que contrarrestar a sus opositores. Militarmente, tenía cerca de París unos 120.000 soldados; más los 30.000 hombres Grouchy, quien había realizado una retirada modélica hasta la capital. Los aliados tenían que dejar tropas en la línea de suministros y comunicación, por lo que llegaron a París con sólo 85.000 hombres. La desgracia fue que Napoleón estaba enfermo y agotado, los franceses totalmente desmotivados, mientras que los aliados, precisamente, todo lo contrario.
Cómo acabaron los generales protagonistas
En 1820 el rey Luis XVIII decretó una amnistía por lo que muchos generales exiliados pudieron regresar a Francia.
-Ney
Es el único mariscal que fue ejecutado por traición. Fue tal la venganza que el nuevo gobierno hizo pagar todos los gastos del proceso (incluso la comida de los guardias) a su esposa.
-Grouchy
Fue juzgado por un tribunal militar acusado de traición pero se le declaró inocente. A la vuelta a Francia, tras la amnistía, se le devolvió su graduación de general. Sus antiguos camaradas le consideraban culpable de la derrota, y tampoco despertaba simpatías entre los monárquicos. Se dedicó durante toda su vida a defenderse por su decisión. Falleció a los 81 años de edad.
-Soult
Condenado al destierro. La amnistía le devolvió el título de mariscal. Con el ascenso al trono de Luis Felipe de Orleans, en 1830, comenzó su ascensión. Fue nombrado ministro de la Guerra y ministro de Asuntos Exteriores. Permaneció activo hasta los 80 años. Falleció a los 84 años de edad.
-Blücher
No entró desfilando como los demás en París, sino galopando en solitario. Hizo volar un monumento que celebraba la victoria de Jena y con eso dio por cumplida su venganza. A la vuelta a su país, se dedicó a tres cosas: el juego, el vino y las mujeres. Falleció a los 77 años de edad.
-Wellington
Después de la victoria le llegaron honores de todas partes, volviendo a su país convertido en un héroe. Poder, gloria y dinero. Hizo carrera política. Falleció a los 83 años de edad.
-Napoleón
Después de la derrota fue desterrado a una desierta isla en mitad del Atlántico: Santa Elena. Durante su exilio se dedicó a dictar sus memorias. Según los presentes, sus últimas palabras fueron: “Francia, el ejército, Josefina”. Falleció, dicen que envenenado, a los seis años de su llegada, tenía 51 años de edad.
Resumen final empresarial
-Una estrategia diseñada por un genio.
-Un líder enfermo, con egocentrismo.
-Inadecuada elección de los directivos y del staff.
-Planes de acción que fracasan por la elección de esos directivos: retrasos en las órdenes, equivocaciones en la redacción, toma de decisiones, incompetencia.
-Subalternos excelentes que toman riesgo.
-El valor de una negociación tipo ganar-ganar.
La frase de Leif Edvinsson (pionero del Capital Intelectual)
Los ejecutivos tienen que dedicar cada vez más tiempo a temas como la cultura, los valores, el carácter y otras cosas no tangibles. Además de directivos, deben ser cultivadores y contadores de cuentos para ganarse las mentes.
Entrevista con Enrique Biosca y Benito Díaz de la Cebosa
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