Después de que Benito Díaz de la Cebosa y Enrique Biosca Ponce dictaran sus conferencias Waterloo: la batalla final. El genio estratégico contra una sólida alianza y Napoleón Bonaparte: liderazgo estratégico en un mundo cambiante, se desarrolló un interesante coloquio, que resumimos a lo sustancial y que es parte fundamental del diseño de este ciclo “Re-encuentros con la Historia”, dedicado a extraer enseñanzas de la historia militar que sean aplicables al liderazgo empresarial.
-¿Se podría considerar hoy a Napoleón como un líder?
EBP: No, los líderes carismáticos tienen poca cabida en el mundo actual. Hoy se necesitan líderes competentes en todos los niveles y que sepan adaptarse a situaciones cambiantes.
BDC: Como modelo global, no. Napoleón hoy sería un líder imperfecto, aunque sí podría serlo en situaciones puntuales. Era un personaje dominado por el egocentrismo, tiránico y que despreciaba las vidas humanas. ¿Sus virtudes? La preparación y el carisma (entusiasmaba a sus soldados), el genio estratégico, la capacidad de trabajo y de organización.
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-Biosca dijo en su intervención que Napoleón tenía principios pero no valores… Un liderazgo como el suyo, ¿tendría éxito en nuestros días?
EBP: Efectivamente, carecía de valores. Es cierto que hoy algunas empresas tienen este tipo de líderes y que cosechan éxitos. No es menos cierto que ahora, cuando empiezan a fallar las cosas, si no se tienen valores como, por ejemplo, la lealtad, el edificio se cae.
-Wellington y Blücher eran muy distintos, ¿cómo caracteriza Díaz de la Cebosa su perfil de liderazgo?
BDC: Wellington era muy técnico y estaba muy bien preparado, tuvo un claro aprendizaje en India y le apodaban el general “cipallo”. No se puede decir que fuera carismático, era respetado y nada más. No transmite entusiasmo como Blücher. El primero era un líder práctico y el segundo, carismático, pues se movía en el terreno de las emociones.
-¿Podemos hoy seguir las enseñanzas de El arte de la guerra de Sun Tzu?
EBP: Es un libro importante en cuanto a la filosofía de la guerra y sirve para todo tipo de enfrentamiento, incluso es aplicable a cada situación de nuestra vida. Muchos de sus principios siguen siendo actuales, por ejemplo: hay que atacar cuando se es superior en número y hay que reunirse cuando se es inferior.
-¿Son comparables Napoleón y Hitler?
EBP: Creo que tienen pocas coincidencias. La motivación de Hitler es ideológica: marchar contra el judeo-bolchevismo y ocupar su territorio, considerado como un “espacio vital” para los alemanes. En cambio, Napoleón busca quitar de enmedio a un enemigo y lograr la paz. Aunque su estilo es personalista y egocéntrico, está por encima de todo. Salvo en que pasaron casi por los mismos sitios, son muy diferentes: Napoleón buscaba una batalla decisiva para luego sellar una paz con sus condiciones, mientras que Hitler pretendía apoderarse, literalmente, del país.
BDC: Creo que los dos son unos oportunistas que se aprovechan de una época llena de cambios. Dos megalómanos que sienten un gran desprecio por las vidas propias y ajenas y que, además, utilizaron a la policía para aterrorizar al pueblo. Sin embargo, ¿por qué se recuerda a Napoleón? Por su genio estratégico. Millones de personas han visitado su tumba. ¿Y a Hitler? Por el genocidio.
-¿Fue culpable Grouchy de la derrota de Waterloo?
BDC: Fue culpable de su incompetencia, pero las órdenes que recibió estaban mal redactadas [por Soult]. El staff fue un desastre. Grouchy se equivocó empeñándose en cumplirlas, pero el gran culpable fue Napoleón que diseñó un plan genial pero no supo elegir a los directivos adecuados para ejecutarlo. Y además, estaba enfermo. En Waterloo, padecía tres enfermedades que incapacitan a cualquiera, cada una de ellas, en combate: cistitis, hemorroides y una úlcera sangrante. En realidad, erró porque necesitaba toda la gloria ya que en París había muchos problemas y la población ya estaba harta. La situación no era nada sencilla.
-Biosca acuña en su intervención un término, “equipazgo”, para sustituir al de “liderazgo”. Háblenos de ello.
EBP: Me refiero con él a una actitud del nuevo liderazgo. El “yo ordeno y mando” creo que ha pasado a la Historia. Hoy el líder debe generar diálogo. Al final, claro que él será responsable de lo que suceda, pero las decisiones tomadas no habrán sido unilaterales.
-¿Qué valor añadido aporta el staff?
BDC: El staff es fundamental. Debe transmitir con celeridad y además, hacer comprensibles las órdenes. Berthier las hubiera transmitido con claridad y concisión. Soult retrasa esa transmisión por su falta de preparación como hombre de staff, cuando era necesario mantener la iniciativa y presionar.
EBP: Un Estado Mayor operativo debe ser capaz de auxiliar al comandante en jefe en todos los ámbitos. Una operación militar es un poliedro de mil caras. Debe de haber un enorme asesoramiento de un staff que controle efectivamente a todos los actores que intervienen.
-Hemos oído decir muchas veces que “la persona hace al puesto”. ¿Mantiene Napoleón su liderazgo a lo largo del tiempo?
BDC: El liderazgo depende del entorno y del tiempo. En las campañas de Italia, al comienzo de su mandato, Napoleón dice directamente que va a atacar en tres días. Luego viene su época de gloria, que culmina en Austerlitz. Y después, su decadencia, con las campañas de España y Rusia. Siempre ejerció un liderazgo superior, técnico y carismático.
EBP: Con el tiempo los ejércitos se agigantan y se van de las manos. Llega un momento en el que Napoleón ya no la abarca todo, pero él sí lo cree debido a su enorme autoconfianza, por lo que no puede mantener un liderazgo correcto en las últimas campañas.
-¿Cómo puedes mantener el necesario estilo de vida equilibrado si tu presidente te pide que trabajes 18 horas 365 días al año?
EBP: Es imposible, sobre todo si el presidente no tiene ese equilibrio. Napoleón era capaz de levantar a un secretario a los cuatro de la mañana para dictarle los quinientos artículos de una nueva academia militar que iba a fundarse en su honor.
BDC: Bueno, él era un hiperactivo pero no estaba con cada uno de sus subalternos las 24 horas del día. Sólo Berthier tenía su misma capacidad de trabajo. Napoleón tenía una gran facilidad para elegir cuando descansaba, aunque fueran unas pocas horas.
-¿Fue el nepotismo una de las causas del desastre napoleónico?
EBP: Casi puede decirse que él lo inventa. Era de origen corso y siempre sitúa a sus hermanos y a sus primos porque la familia es la familia. Sienta en los tronos europeos que conquista a uno de los suyos. Pero lo hace después de haber llegado a acuerdos de paz y ya no necesita dejar allí fuerzas de ocupación.
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me fascina todo lo que tiene que ver con napoleón. Os dejo un enlace con toda la familia de Napoleón que resulta tan liosa generalmente
perso.orange.es/pescador2013/dinastia/index_nap.htm